miércoles, 12 de agosto de 2015

Cómo nació el Aku-Aku


                                                                  
Unos diablos, una tarde calurosa, se despojaron de sus ropas para entregarse al sueño. Pero aconteció que pasó un joven de apuesta figura y pudo observar con gran admiración que sus cuerpos carecían de carne y se les podía ver y contar las costillas.
A Takuihu —que así se llamaba el joven— se le quedó fuertemente grabado en la memoria tan extraño espectáculo. Otro diablo por ahí cercano había estado observando la escena y prorrumpió en grandes gritos, hasta despertar a sus colegas y les refirió que Takuihu los había sorprendido durmiendo.
Los diablos, por temor al ridículo en que caerían entre los isleños si Takuihu contaba algo sobre su curiosa contextura, resolvieron salirle al encuentro, jurándose darle muerte si les decía que los había visto desnudos.
Interrogado el joven, que no tenía un pelo de tonto, negó con todo aplomo. Juró en tal forma, que los diablos lo creyeron sincero. Los diablos lo acompañaron hasta su casa y no dejaron de vigilarlo y escuchar sus conversaciones, por si hacía comentarios sobre sus escuálidos cuerpos. Durante dos días estuvieron escuchando pero el joven les había espiado y guardaba la más absoluta reserva.
Después de este tiempo se retiraron, seguros de que el secreto de sus ridículos cuerpos no era conocido por ningún mortal. Pero cuando Takuihu se vio libre de los diablos, cogió un trozo de toromiro y talló en él la figura descarnada que tenía en su memoria.
Tal fue la razón de las primeras imágenes de Akauaku que se tallaron en Pascua y éste el medio de comunicación que encontró el nativo sin recurrir al lenguaje, para contar lo que había visto.


viernes, 7 de agosto de 2015

La leyenda de los payachatas

La leyenda de los payachatas es una leyenda que cuenta que en épocas Incas dos familias, enemistadas por un profundo odio entre ambas, a causa del dominio de tierras, el príncipe y la princesa de cada una de las tribus correpondientes encaminados por el destino se conocen y nace entre ellos un profundo amor, puro y sincero. Pero el odio entre ambas tribus hizo irracionable este sentimiento y con el afán de separar a los jóvenes, estos son aconsejados de alejarse, al encontrarse las familias ante una negación de ambos, recurren a la magia, la cual se ve imposibilitada ante tanto amor, quedando sin efecto. La propia naturaleza al verlos acongojados sufre. La luna y las nubes lloran, los lobos aullan y torrenciales tormentas azotan en advertencia a las tribus, por parte de los dioses ante tal error.
Las familias al no percatarse de la furia de la naturaleza, con la cual las tierras son invadidas. Recurren a toda clase de artilurgios para poder romper con ese amor. Pero todo intento era en vano. Ante tales fallas los sacerdotes toman la decisión de sacrificar a los príncipes, para que nunca llegaran a estar juntos. Una noche sin luna y en total oscuridad los jóvenes son asesinados.
Los dioses y la naturaleza vuelcan toda su furia con intensas lluvias y truenos, que azotaron la región. Las tribus no subsistieron y producto de las inundaciondes desaparecieron. En su lugar aparecieron dos hermosos lagos, donde se dice que se ve pasar a los jóvenes príncipes en canoa, por fin juntos. Los lagos creados fueron el Chungara y el  Cota-Cotani. En honor a los príncipes la naturaleza les regala dos tumbas, los volcanes El Parinacota y el Pomerape .

La Quintrala

 
Catalina de los Ríos y Lisperguer, era muy hermosa, alta de ojos verdes y pelo rojo, como el Quitral, de ahí su apodo Quintrala inventado, según parece, en los primeros años del siglo XVII, en el seno de una de las más ricas de chile y emparentada con la alta aristocracia limeña y santiaguina. Era hija de don Gonzalo de los Ríos y Encio y doña Catalina Lisperguer y Flores.
 
 En la historia de su vida se mezclan los hechos de la leyenda de modo que hay en ella muchos aspectos dudosos o fantásticos.
 
Poco se sabe de su educación, pero consta por su testamento que no sabia leer.
 
 
Creció en compañía de su hermana, doña Agueda de los Ríos, quien se caso tempranamente con un oidor de la audiencia de lima, don Blas de Altamirano. Su nombre figura en los anales de la criminología colonial.
 
Al parecer la abuela y después la madre, homicidas ambas le enseñaron su oficio. Su abuela, María de Encio, había asesinado a su esposo y era experta en sortilegios y pactos diabólicos; su madre había sido acusada de haber intentado envenenar al Gobernador Ribera y de haber muerto con azotes a una hijastra.
 
Los casos de impudicia y feroz liviandad de que la tradición la inculpa son varios y más o menos espectaculares. Su lascivia y ferocidad no tenia frenos, por lo que su abuela doña Agueda Flores, que era su tutora, resolvió casarla a todo trance para ponerla a raya.
 
Don Alonso Campo Frío Carvajal fue el elegido por doña Agueda para “esposo y domador" de su pupila; y a fin de hacerle aceptable el terrible don, puso una dote monumental; que ascendió a 45.349 pesos. Don Alonso no poseía bienes ni fortuna y doña Catalina no había encontrado un marido sino un cómplice.
 
El matrimonio que vivía en la hacienda de doña Catalina en La Ligua, tubo un hijo al que pusieron el nombre de su abuelo, Gonzalo. Pero murió en la infancia antes de cumplir diez años pese a todos los esfuerzos científicos, religiosos, mágicos y el conocido pacto diabólico de doña Catalina.
 
En la hacienda de La Ligua, según se cuenta, ocurrían los hechos más horribles. Durante la vida de su marido, como luego de su muerte, acaecida hacia 1650.
 
A pesar de continuas denuncias, no recibió castigo alguno porque tenia mucho dinero, siendo prodiga entre jueces y letrados, además de contar con numerosa parentela en cargos importantes.
 
Su crueldad llegó a tal extremo que se produjo una dispersión general entre los indios de la hacienda de La Ligua, quienes se fugaron en su mayoría hacia los montes y comarcas vecinas. Aun entonces doña Catalina consiguió de la Real Audiencia una provisión para recoguerlos.
 
A cargo de esta labor puso a un mayordomo llamado Ascencio Erazo. Este los prendía y los llevaba a la hacienda. Doña Catalina presidía el castigo acompañada de su sobrino, don Jerónimo de Altamirano.
 
En 1660, la Real Audiencia, ante la magnitud de los hechos, comisionó a su receptor de cámara Francisco Millán para que hiciese una investigación. Esta alejo de su hacienda a doña Catalina, a su mayordomo y a su sobrino, a fin de que sus víctimas pudieran desahogarse de los crímenes cometidos por su patrona.
 
El comisionado de la Audiencia encontró plenamente comprobados los delitos cometidos por la encomendadera de La Ligua, por lo que se la apreso y condujo a Santiago.
 
Se inicio así proceso a la que ya había sido una vez acusada de parricidio, otra de asesinato y ahora por la matanza lenta y cruel de su servidumbre. El juicio se llevo adelante con mucha lentitud, pues las relaciones de doña Catalina seguían contando, al igual que su dinero.
 
En los últimos años de su existencia encontró un auxiliar poderoso a su impunidad en el Gobernador de Meneses, quien era ávido del dinero de la Quintrala.
 
Doña Catalina estaba enamorada del padre Pedro Figueroa, que la casó con su difunto esposo, y este aprovechando la situación conseguía aplacar de gran forma su instinto asesino y mantenerla por el camino de la fe, pero no todo fue tranquilo pues ella intento matarlo en venganza por su matrimonio no deseado.
 
Doña Catalina llego a hacer un segundo pacto diabólico para conseguir el amor del fraile pero este para resistirse a ella se autoflagelaba y al ver que no seria capaz de resistir decidió huir de su influjo al Perú, consiguiendo con esto que ella abandonara completamente la fe cristiana y cometiera un gran atentado en contra de sus indios provocando la famosa huida de ellos y obligando al padre a reconsiderar su vuelta, pese a todo él no volvió hasta enterarse de el arresto de Catalina y su posterior enfermedad, lamentablemente no alcanzó a confesarla para perdonar sus pecados.

El Trauco



El TraucoSe cuenta que el Trauco es un hombrecito que mide alrededor de 80 centímetros, tiene un rostro varonil y feo, sin embargo posee una mirada muy dulce y sensual. No tiene pies, sus piernas terminan en simples muñones. Dicen que viste traje y sombrero de Quilineja, planta trepadora también conocida como coralito, usada para hacer canastos o escobas. En su mano derecha lleva un hacha de piedra, que remplaza por un bastón, llamado Pahueldún, cuando se encuentra frente a una muchacha soltera que ha ingresado al bosque.
Los que han visto al Trauco dicen que se cuelga de la rama de un Tique, árbol de gran altura, también conocido como Olivillo. Desde aquí espera a sus víctimas. Suele habitar cerca de las casas de los chilotes para así poder vigilar a las doncellas que le interesan. Se mete a las casas, cocinas y a todos los lugares imaginables sólo para ubicar a una nueva "conquista". Los habitantes de Chiloé, conociendo las mañas de este pequeño individuo, tratan de no descuidar a sus hijas. Para esto toman precauciones tales como evitar que vayan solas a buscar leña o a arriar los animales. Son en esas oportunidades donde el Trauco aprovecha de utilizar su magia. A pesar de su afán por perseguir doncellas, el Trauco jamás actúa frente a testigos, es decir, nunca atacará a una muchacha si esta va acompañada de alguien. Cuando divisa a una niña desciende rápidamente del árbol. Luego da tres hachazos al Tique, con los que parece derribarlos todos. La muchacha luego de recuperarse del susto, se encuentra con el Trauco a su lado, quien sopla suavemente su bastón. La niña sin poder resistir el encanto del trauco cae en un profundo sueño de amor.
La muchacha, al despertar del embrujo, regresa a su casa sin saber claramente lo sucedido. Nueve meses después, tras haber experimentado cambios en su cuerpo por la poseción del Trauco, nace el hijo de este misterioso ser.

Las Tres Pascualas


Las tres pascualas es una leyenda chilena de la ciudad de ConcepciónRegión del Biobío.
Existen dos versiones de esta leyenda, ambas enmarcadas a finales del siglo XVIII, y teniendo como protagonista a tres hermanas penquistas que solían lavar juntas la ropa en una laguna cercana a su casa.
La primera versión dice que una tarde encontraron sus cadáveres flotando en el agua. Las tres se habrían suicidado, ahogadas en la laguna, producto de un desamor provocado por un mismo hombre que las engatusó y luego abandonó. Entonces las aguas de la laguna se habrían desborado producto de un gran remolino, volviendo a la normalidad para transformar la forma de la laguna por la de una luna en cuarto menguante.
La segunda versión dice que un forastero, que había llegado a hospedarse a la casa donde vivían las tres con su padre, se habría enamorado de ellas, y cada una le habría correspondido su amor en secreto. En la duda de no saber a cual elegir, el forastero las habría citado a la laguna en la Noche de San Juan. Desde un bote, al ver el reflejo de una de ellas, le habría gritado «¡Pascuala! ¡Pascuala! ¡Pascuala!», y cada una, al creer que se trataba de ella, habría acudido a su llamado, ahogándose en las aguas. Desde entonces, cada Noche de San Juan se dice que aparece un bote desde el cual se escucha una voz angustiada llamando a las hermanas.
En ambos casos, los lugareños llamarían a partir de entonces a la laguna como Laguna Las Tres Pascualas, nombre con el que se conoce hasta ahora.

La Fiura



Pequeño monstruo, en forma de mujer; el mito la muestra habitualmente, danzando sobre la débil alfombra, de un balanceante “hualve”, sin temor a que, en cualquier instante se rompa y la trague el pantano. Detiene su baile, para contemplar su horrible rostro, en el espejo de un charco y peinar su larga cabellera con un reluciente peine de plata. Contonea, coqueta, su exuberante busto y corre ágil, haciendo flamear su breve pollera roja, entre los troncos quemados de los roces, mimetizando sus miembros, con los semicarbonizados ganchos de los árboles. Se escabulle entre los matorrales, en busca del fruto de las espinosas “chauras”, que come con glotonería. El más leve ruido la asusta, adoptándo de súbito, caprichosas y convulsionantes posturas; hace muecas horrendas con feísimo rostro y con sus ojos chispeantes, casi ocultos por una descomunal nariz; alarga sus brazos en todas direcciones y mueve nerviosamente los dedos deformes de una enorme mano, en demanda de una víctima, para “tirarle un mal aire”. La Fiura, hija única de la Condená, es la mujer del viríl Trauco, más esto no le impide ofrecer su amor a todos los hombres, a quienes impone, como severa condición, aceptarla con los ojos cerrados. No admite mirada alguna, ni siquiera la de los animales, sin aplicar al instante su castigo: El osado que se atrevió a mirarla, quedará torcido en algún lugar de su cuerpo. Si quien la mira es un niño o un animal, le deforma generalmente las extremidades, haciéndoles imposible la marcha, los tulle. Luchar contra ella, es tarea imposible; posee una fuerza y destreza tal, que cuantos hombres quieran pueden pelear con ella, pero los deja a todos maltrechos y contusos, cuando no quedan “teldelde” (trémulos). En cambio a ella, no se logra asestarle un solo golpe: “es como pegarle a la sombra” . Las deformaciones causadas por la Fiura, son prácticamente incurables; en casos afortunados, se consigue alivio, utilizando el siguiente tratamiento: al amanecer se corta una rama de la enredadera llamada “pahueldún”, una vez transportada junto al enfermo, se la azota, hasta arrancarle la savia; líquido que debe beber el enfermo y enseguida se la lleva arrastrando hasta la playa, para lanzarla al mar (en Europa, los pueblos primitivos realizaban una ceremonia parecida, con el árbol, que representaba el espíritu de los árboles). Por haber obtenido, con ello, buenos resultados, también se aconseja tomar raspaduras de “Piedra de Ara”

martes, 4 de agosto de 2015

Los Tikuna pueblan la tierra.

                   Los Tikunas pueblan la tierra.

Autor: Pío Fernando Gaona           (Leyenda Colombiana)

  Yuche vivía desde siempre, solo en el mundo. En compañía de las perdices, los paujiles, los monos y los grillos, había visto envejecer a la tierra. A través de ello se daba cuenta que el mundo vivía y de que la vida era tiempo y el tiempo...muerte.

No existía en la Tierra sitio más bello que aquel donde Yuche vivía: era una pequeña choza en un claro de la selva y muy cerca de un arroyo enmarcado en playas de arena fina.

Todo era tibio allí, ni la lluvia ni el calor entorpecían la placidez de aquel lugar.

Dicen que nadie ha visto el sitio, pero todos los Tikunas esperan ir allí algún día.

Una vez Yuche fue a bañarse al arroyo, como de costumbre. Llegó a la orilla y se fue introduciendo en el agua hasta que se inclinó hacia delante, mirándose en el espejo del agua;por primera vez notó que había envejecido.

El verse viejo, le deprimió profundamente:
-Estoy y a viejo...y solo. ¡Oh!, si muero, la tierra quedará más sola todavía.

Apesadumbrado, espaciosamente emprendió el regreso a su choza. 

El susurro de la selva y el canto de las aves lo embargaban ahora de infinita melancolía.

Yendo en camino sintió un dolor en la rodilla, como si lo hubiese picado algún insecto; no pudo darse cuento pero pensó que le picó una avispa. Cuando empezó a sentir un pesado sopor que le invadía.

-Es raro como me siento. Me acostaré tan pronto llegue.

Siguió caminando con dificultad y al llegar a su choza se recostó, y se quedó dormido.

Tuvo un largo sueño. Soñó que mientras más soñaba, más se envejecían y más débil se ponía sus piernas, y que de su cuerpo agónico se proyectaban otros seres.

Despertó muy tarde, al otro día. Quiso levantarse, pero el dolor se lo impidió. Entonces se miró la inflamada rodilla y notó que la piel se había vuelto transparente. Le pareció que algo en su interior se movía. Al acercar más los ojos vio con sorpresa que, allá al fondo, dos minúsculos seres trabajaban, se puso a observar.

                          Las figurillas era un hombre y una mujer: el hombre templaba un arco y la mujer tejían un                                                                            chinchorro